Saturday, November 17, 2018

LAS CIENCIAS SOCIALES ANTE LA CONTRAOFENSIVA NEOLIBERAL




INTERNACIONAL
 
CARLOS OJEDA F. Especial para TP
Director general del IAEBM
En Buenos Aires, Argentina, el 17 y 18 de noviembre tendrá lugar 26ª Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y seguidamente, del 19 al 23 de noviembre, la 8ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales y el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico.
Estos eventos se realizarán en un contexto de recomposición de las fuerzas políticas más conservadoras y retrógradas del continente, cuya contraofensiva ha logrado consolidar su avance con el reciente triunfo electoral de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil, configurándose una nueva realidad política, económica y social que plantea el desafío de analizar y debatir acerca de los límites alcanzados por el progresismo y las experiencias desarrolladas por los proyectos social-reformistas que se plantearon frente al neoliberalismo; gobiernos que consideraron, en sus agendas y planes, políticas públicas de inclusión, reivindicación y justicia social sustentadas en cambios formales a nivel de la superestructura, sin afectar la base económica determinada por las relaciones capitalistas de producción.
De allí, la importancia que cobra en estos nuevos tiempos un órgano como el Clacso, en el que se expresan ideales de lucha por sociedades más justas e igualitarias, y que cuenta en su seno con la activa participación de intelectuales progresistas, docentes, investigadores y estudiantes de los más diversos campos teóricos y disciplinarios, especialmente, de las ciencias sociales, así como activistas y dirigentes de movimientos populares, organizaciones estudiantiles, redes y grupos de jóvenes que actúan en la construcción, promoción y defensa de la democracia, la comunicación alternativa y la movilización ciudadana, organismos de lucha por los derechos humanos y a la educación pública, movimientos y organizaciones feministas, antirracistas, antiimperialistas y ecologistas.
En la presente etapa, sin duda, orientarán sus esfuerzos y energías en la confrontación de ideas y movilización contra las fuerzas reaccionarias que tienen el claro propósito de restaurar las políticas económicas del neoliberalismo.

En el marco de la 26ª Asamblea General, se realizará la elección del nuevo Secretario Ejecutivo, cargo al que se ha postulado el Dr. Luis Bonilla Molina, reconocido intelectual venezolano, quien viene de presidir el Centro Internacional Miranda (CIM) y el Instituto Social Latinoamericano de la Unesco y quien propone adelantar una gestión basada en un modelo organizacional descentralizado, desconcentrado, horizontal y de diálogo abierto permanente, que garantice la construcción compartida entre los centros miembros desde donde profundizar la relación entre pensamiento crítico y la construcción y gestión de políticas públicas de justicia social en la región. Asimismo, plantea impulsar acciones orientadas al fortalecimiento de las relaciones de Clacso con la región del Caribe y Centroamérica; propuestas que desde el Instituto de Altos Estudios Bolívar-Marx (IAEBM) compartimos y por las que hemos acordado respaldar su candidatura a la Secretaría Ejecutiva para el período 2018-2021.

EL CASO ZIMBABUE: LECCIONES PARA VENEZUELA





ECONOMÍA

 
ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP
Economista
Uno de los rasgos comunes de los episodios hiperinflacionarios recientes en el mundo, es la persistencia de déficit del presupuesto público que no pueden ser cubiertos mediante el aumento de impuestos, el recorte de gastos del gobierno o el financiamiento externo. Cuando estos mecanismos convencionales son insuficientes, se recurre a la «monetización del déficit», es decir, a una emisión monetaria que no se corresponde con los niveles reales de la economía, a fin de contar con liquidez en moneda nacional para cubrir la brecha entre los ingresos del gobierno y sus erogaciones.
La emisión de liquidez es un mecanismo válido de política monetaria en ciertas condiciones, pero si se emplea de forma indiscriminada y recurrente, comienza a favorecer un alza incontrolada de precios. Esto ocurrió en Zimbabue a partir de 2006: tras una caída de la exportación de productos agrícolas que causó una reducción de los ingresos fiscales, el gobierno de esa nación africana comenzó una agresiva monetización de su déficit presupuestario. Pero con la emisión de dinero, el gobierno propició una rápida devaluación del tipo de cambio, que pasó de 24 dólares zimbabuenses (ZWD) por dólar estadounidense (USD) en 2005 a la impronunciable cifra de 1023 ZWD/USD en 2009.
En consecuencia, entre 2006 y 2009, se realizaron tres «reconversiones monetarias», de forma que fueron eliminados 25 ceros del valor facial de los billetes de ese país. En noviembre de 2008 la hiperinflación alcanzó el 98% diario, a pesar de que desde 2007 el gobierno había prohibido por ley los incrementos de precios. En enero de 2009, el Ministerio de Finanzas permitió el uso de monedas extranjeras como el dólar estadounidense, el rand sudafricano y la libra esterlina, en un desordenado proceso de dolarización que logró detener la hiperinflación, pero causó otros problemas como la escasez de billetes en divisas.
No puede pretenderse extrapolar mecánicamente el caso extremo de Zimbabue a nuestra realidad (ver TP Nº 2.945*), pero debemos advertir que antes de realizar una reconversión monetaria conviene derrotar primero la hiperinflación. Y para ello, es necesario reducir la prioridad del pago de la deuda externa, a fin de disponer del mermado ingreso petrolero para invertirlo en la reactivación económica; organizar y hacer más sostenibles las finanzas públicas mediante la racionalización del gasto y la aplicación de una política tributaria realmente progresiva; estabilizar las variables nominales como el tipo de cambio mediante una política monetaria efectiva; reorientar el sistema financiero para apoyar la producción nacional en lugar de privilegiar el consumo (ver TP Nº 2.996**). Al mismo tiempo, se debe identificar a los sectores más vulnerables de la sociedad y auxiliarlos con medidas compensatorias como el otorgamiento de subsidios directos.
Es necesario entender que la política económica debe partir de la comprensión científica de la realidad, diagnosticando adecuadamente los problemas para poder aplicar medidas efectivas y no efectistas. Finalmente, se debe explicar pacientemente al pueblo trabajador la necesidad de una verdadera revolución económica y movilizarlo para la recuperación del país.

SINDICATOS Y CONSEJOS DE TRABAJADORES

TRABAJADORES/TRABAJADORAS

 MARIANO VIVANCOS. Especial para TP
Militante del PCV en Mérida
El surgimiento en los últimos años de los consejos de trabajadores y trabajadoras, con el apoyo e impulso del Partido Comunista de Venezuela, la Corriente Clasista de Trabajadores «Cruz Villegas» y diversas otras organizaciones, ha dado lugar a confusiones, a veces deliberadas y malintencionadas, en cuanto a si esta nueva forma organizativa pretende sustituir o competir con los tradicionales sindicatos.
Nada más alejado de la verdad. Los consejos de trabajadores no son ni pretenden ser organizaciones sindicales, ni sustituyen las funciones propias de éstas, aunque pueden apoyarse mutuamente, sobre todo para formar la conciencia de clase, procurar la unidad de las y los trabajadores y salvaguardar sus derechos sociales, económicos, culturales y políticos.
Los sindicatos en general son instrumentos de lucha que organizan los propios trabajadores y que tienen como objetivos defender los intereses económicos, sociales y laborales de la clase trabajadora, hacer cumplir los derechos establecidos, y alcanzar nuevas conquistas por la vía de las negociaciones colectivas. Los sindicatos de carácter clasista, en particular, tienen además el objetivo estratégico de contribuir, junto a los partidos revolucionarios, al avance hacia la liberación definitiva de la clase trabajadora y la transformación de la sociedad.
En la práctica de los sindicatos más consecuentes y responsables, se producen negociaciones y acuerdos de mejoras salariales y sociales de carácter temporal teniendo en cuenta la correlación de fuerzas, que no significan conciliaciones en el sentido absoluto de la palabra, por cuanto ellos siempre se adoptan con miras a preparar nuevas luchas, a la espera de mejores oportunidades y con la condición de reforzar o robustecer las propias fuerzas. Es decir, se trata de fortalecer la organización sindical en el curso de la lucha misma, de manera que, terminada una lucha concreta, comienza la preparación para la próxima, utilizando hasta donde sea posible las limitadas libertades de la democracia burguesa, sin caer en el legalismo.
 Participación protagónica
Por su parte, los consejos de trabajadores y trabajadoras son organizaciones concebidas para la participación protagónica de las y los trabajadores en el ejercicio real y efectivo del control sobre los procesos productivos y administrativos de las empresas, y para dirigir los procesos sociopolíticos en los centros de trabajo y áreas de actividad laboral en general. Son, por lo tanto, formas superiores de organización, surgidas en el contexto de la lucha de clases, constituidas en cada centro laboral, independientes de los empresarios y el gobierno, cuyos objetivos exceden lo reivindicativo, y que apuntan a ejercer el control obrero sobre los empresarios, y la cogestión con participación decisiva en todos los procesos del funcionamiento de la empresa.
Los consejos de trabajadores y trabajadoras son piezas fundamentales en la construcción de un nuevo modelo de gestión de las empresas y centros de trabajo, que supere la forma de funcionamiento tecno-burocrática característica del capitalismo, que dé genuina representación a los intereses del pueblo trabajador en la toma de decisiones acerca de los procesos de producción, planificación, administración, financiación, y otros de las empresas, y que haga realidad concreta en este ámbito el principio constitucional de la participación protagónica.
Los consejos no sustituyen a los sindicatos, porque como vemos tienen funciones y propósitos distintos, pero ambos colaboran para desarrollar la conciencia y unidad de clase.

REIVINDICANDO EL PERIODISMO REVOLUCIONARIO

CULTURA

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Tribuna Popular.- Como parte de la programación de la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) 2018, que se desarrolla en los espacios del casco histórico de Caracas, será presentado el libro Periodismo revolucionario. Prensa alternativa, lucha de clases y poder popular, en el Salón Amarillo de la Casa Amarilla (frente a la plaza Bolívar), a las 2pm del domingo 



18 de noviembre, a cargo de la Editorial Tribuna Popular.
Este libro expone pasajes de la historia gloriosa y el funcionamiento abnegado del órgano de prensa del Partido Comunista de Venezuela (PCV), Tribuna Popular, un periódico que tiene particularidades únicas en nuestro país y que este año, el mismo de su 70º Aniversario, vio interrumpida su impresión por la escasez de insumos de imprenta a raíz de la aguda crisis económica.
En las páginas de esta obra también se sistematizan aspectos conceptuales sobre el papel de la prensa dentro de la compleja dinámica de la lucha de clases y como instrumento fundamental en el entramado del combate ideológico que se libra entre los poderes que pretenden mantener el sistema capitalista –en la época de su fase imperialista– y las fuerzas obrero-campesinas, comuneras y populares que propugnan su superación revolucionaria.
En el primer capítulo se presentan clarificaciones imprescindibles para adentrarse seriamente en cualquier debate acerca de la prensa y del manoseado término «objetividad», el cual se utiliza interesadamente en defensa de la supuesta «neutralidad», «imparcialidad» o «apartidismo» en la labor periodística, y se enfatiza que las y los revolucionarios asumen sin complejos los periódicos como herramientas para la lucha a favor del pueblo trabajador, de sus organizaciones combativas y del objetivo socialista.
En el segundo capítulo se encuentran diversos materiales que aportan el contexto político-ideológico y socioeconómico de la fundación del periódico Tribuna Popular, así como lineamientos sobre cómo debe entenderse y asumirse la función del genuino periódico leninista impreso, el único que puede cumplir integralmente el papel de propagandista, agitador, educador y organizador.
El tercer capítulo recoge interesantes puntos de vista de doce periódicos de Partidos Comunistas de Latinoamérica, el Caribe y Europa acerca de las «Experiencias y retos actuales de la prensa revolucionaria», en textos que fueron elaborados especialmente para una edición aniversaria de Tribuna Popular.
El contenido de este libro, en lo fundamental, es patrimonio colectivo de la humanidad, porque emana de las históricas luchas de los pueblos.

Saturday, November 3, 2018

¿EXISTE UNA BURGUESÍA REVOLUCIONARIA?

https://prensapcv.wordpress.com/2018/11/03/existe-una-burguesia-revolucionaria/

WLADIMIR ABREU. Especial para TP
Profesor de Historia

«La burguesía ha ejercido en la historia una acción esencialmente revolucionaria. Allí donde ha conquistado el poder ha pisoteado las relaciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró sin piedad todos los lazos multicolores que unían el hombre feudal a sus superiores naturales para no dejar subsistir otro vínculo entre hombre y hombre que el del frío interés, el del duro pago al contado. Ha ahogado el éxtasis religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del buen burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta.»
Manifiesto del Partido Comunista (K. Marx y F. Engels, 1848)

El manejo «deportivo» de las ciencias sociales en Venezuela, hace que un ministro del Gobierno afirme que en Venezuela es necesario «construir una burguesía revolucionaria». Esto nos lleva a aclarar a nuestros lectores: ¿es posible la existencia de una burguesía revolucionaria? ¿fue alguna vez revolucionaria la burguesía? Y en un plano local y actual ¿puede ser revolucionaria la burguesía hoy en Venezuela?
Estas interrogantes sólo pueden ser respondidas correctamente desde un punto de vista histórico, pues la cualidad de la burguesía como clase revolucionaria ha variado en el tiempo. La burguesía fue revolucionaria en el período de paso desde la edad media y el absolutismo, hasta la instauración definitiva del modo de producción capitalista. El pasado precapitalista, llamado de manera genérica «el antiguo régimen», fue barrido por la oleada revolucionaria que tuvo su amanecer con el liderazgo antimonárquico de Oliverio Cromwell a mediados del siglo XVII y la posterior revolución inglesa de 1688, pero que alcanzó su cenit con la gran revolución francesa de 1789.
Este evento representó efectivamente el momento de mayor impulso revolucionario de la burguesía, barrió los restos del viejo mundo feudal, y dio inicio a una revolución bihemisférica, que culminará con el fin del absolutismo y la instauración de repúblicas liberales burguesas en buena parte del globo. En aquellos lugares, como el Reino Unido, en donde la vieja aristocracia logró evitar la guillotina, surgieron las monarquías constitucionales, que restringían el poder efectivo de la corona y establecían a través del parlamento mecanismos de gobierno en alianza entre los terratenientes y los burgueses; andando el tiempo, los primeros se transformaron en una nueva capa de los últimos.
De manera que, sin duda, la burguesía sí fue revolucionaria. Así lo expresó Karl Marx en el más contundente reconocimiento al aporte revolucionario burgués, el capítulo primero del Manifiesto del Partido Comunista. El propio Marx comprendió que la cualidad revolucionaria de la burguesía era históricamente determinada y por lo tanto transitoria: derruidos los viejos muros de los castillos feudales por los cañones fabricados en los talleres de la burguesía, ésta se convirtió en la nueva clase dominante. Con la implantación de su nuevo modo de producción, y su consolidación y expansión por el planeta, la burguesía pasará de clase revolucionaria a clase reaccionaria. Este es un ciclo que, dependiendo de la región del mundo, se cerró aproximadamente entre mediados del siglo XIX y principios del XX.

El caso venezolano
El gran aporte revolucionario de la incipiente burguesía agraria comercial venezolana, fue la guerra de independencia. Es necesario comprender que esta guerra no fue simplemente un conflicto por la independencia del territorio: los patriotas venezolanos de principios del siglo XIX se reconocían como hijos de la revolución francesa, como republicanos, antimonárquicos, enemigos del viejo régimen católico absolutista de los Borbones, y mostraron sus simpatías por los liberales republicanos que, aproximadamente al mismo tiempo, luchaban en la propia España por la abolición del régimen monárquico y la introducción de mecanismos constitucionales de gobierno.
No en balde hombres como Bolívar, Sucre, Roscio o Miranda, calificaban a los enemigos de la independencia como «realistas», esto es, como defensores de los fueros tradicionales de la realeza. Ni es casualidad que hayan expresado tanto en palabras como en actos su admiración por los sistemas constitucionales emergidos del colapso de los antiguos regímenes europeos, particularmente por el caso del Reino Unido, cuyas instituciones políticas fueron calificadas por Bolívar como las más dignas de servir de modelo para las nuevas repúblicas americanas.
Culminada la independencia, el resto del siglo XIX venezolano fue una época caracterizada por el esfuerzo de la incipiente burguesía, unas veces en pugna con los terratenientes, otras en alianza con ellos, por consolidar una república liberal burguesa. Su mayor dificultad fue el carácter rentista agrario de la economía rural venezolana, basada en el monocultivo (cacao o café) y con un nulo nivel de industrialización. De ese hecho económico nacieron los contratiempos que finalmente impidieron el desarrollo pleno del proyecto de país liberal burgués que inicialmente perseguían.
Ese defecto en la estructura económica de base persistió en el tiempo, y se extendió a la Venezuela petrolera desde principios del siglo XX. Para la burguesía venezolana, que nunca llegó a consolidarse como verdadera burguesía progresista y modernizadora del país, el negocio consistía en vender al exterior primero productos agrarios y más tarde petróleo crudo, para comprar con ese ingreso rentista mercancías extranjeras.
Así nació, creció y se estructuró la burguesía venezolana. Su carácter, por más de dos siglos, ha estado marcado por su naturaleza rentista y atrasada. Por ello, la burguesía venezolana no es revolucionaria, ni puede serlo: no puede proponerse industrializar y modernizar el país, pues tal cosa equivaldría a ser su propia antítesis. Las tareas de desarrollo industrial y económico no son metas que le sean inherentes como clase; son tareas que sólo le interesan al proletariado venezolano.

¡LIBERTAD PARA SUSANA PRIETO TERRAZAS!

El Partido de los Comunistas de los Estados Unidos de América (PCUSA) denuncia el arresto y detención arbitraria de la abogada laboral y act...